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8.8. Campo de verano 2009

Sesión de verano, agosto de 2009 - Templo de la Gendronnière

Maestro Roland Yuno Rech

 

11 de agosto de 2009 7h30

 

Desde el principio de zazen concentraos en la postura y no os dejéis llevar por los pensamientos. Volved constantemente a los puntos importantes de la postura. Basculad bien la pelvis hacia delante, apoyaos sobre el suelo firmemente con las rodillas, estirad bien la columna vertebral desde la cintura hasta la nuca empujando el cielo con la coronilla. Relajad todas las tensiones de la espalda y de los hombros y recoged bien la barbilla. Es importante notar una fuerte energía a la altura de los riñones y en la nuca. La energía en los riñones es lo que permite bajar bien la espiración hasta el fondo, la energía en la nuca estimula la vigilancia, ayuda a estar presente completamente aquí y ahora, no os dejéis distraer por todos los fenómenos que aparecen. Permaneced bien concentrados en la postura.

La lengua en el centro del paladar, si os concentráis en el punto de contacto de la lengua con el paladar, podréis calmar instantáneamente el diálogo interior.

La mirada está colocada delante, en el suelo, los ojos permanecen abiertos. Se ve claramente lo que está delante, la mirada no debe quedar perdida, pero no se fija en los objetos de alrededor. Se ve lo que hay sin fijarse en nada. De este modo, nada, ningún objeto viene a turbar el zazen.  Lo que molesta no son los objetos sino nuestro apego a los objetos.

La mano izquierda está sobre la mano derecha, los pulgares horizontales y el canto de las manos permanece en contacto con el bajo vientre. Los pulgares forman con los índices un amplio óvalo que es el mudra de Okkay jo in: el samadhi del océano, el océano del Dharma – hokkay. Cuando nos concentramos de este modo en la posición de las manos, abandonamos el funcionamiento de la mente que crea sin cesar separaciones y encontramos la unidad con este océano del Dharma, es decir, con todas las existencias, con todo el universo.

Cuando se realiza esta unidad, no hay nada que sobre y no falta nada y podemos practicar en paz con nosotros mismos y con los demás y esto es lo que expresamos en las demás actividades de la vida cotidiana, en todo el gyoji de la jornada. Durante la ceremonia, donde nos armonizamos con los demás, en el canto, en las prosternaciones, durante las comidas, el samu, la vida cotidiana.

Realizar esta armonía es la gran experiencia de la sesshin. Y prolongarla, continuarla en la vida de todos los días hace de toda nuestra vida la expresión de la Vía.

Es lo que se puede aprender y realizar cuando venimos a hacer una sesión a la Gendronnière.

 

11 de agosto 2009 16h30

 

Durante zazen sólo estamos concentrados en la postura. En lugar de seguir los pensamientos, nos absorbemos en la concentración sobre la respiración. Cuando viene la inspiración somos totalmente el cuerpo-espíritu inspirando y cuando expiramos somos totalmente el cuerpo-espíritu expirando. Cuando continúa esta concentración la mente ordinaria se calma. Dejamos de elegir o de rechazar las cosas. Estamos más allá de amar o no amar lo que llega. Nos volvemos totalmente uno con la realidad de cada instante, despojados de nuestras proyecciones mentales, es lo que se llama el samadhi de Jijuyu. Samadhi que experimentamos por nosotros mismos y en el que nos olvidamos completamente de nosotros mismos. Por medio de este olvido nos hacemos totalmente receptivos al entorno, uno con lo que nos rodea, sin separación.

Así es como podemos comprender que la vía está bajo nuestros pies. La vía de resolución de todos los sufrimientos y en nuestra manera de funcionar justo en este instante presente.

¿Pero cómo continuar en la vida cotidiana? Esto es lo que se ha esforzado en enseñar el Maestro Dogen en lo que llamó el Eihei shingi: “Las reglas puras para la vía, la práctica en el templo Eihei-ji”.

No son sólo reglas formales, relativas a un lugar en particular, sino una enseñanza para encarnar la vía de Buda en todos los instantes de la vida.

Un verdadero monasterio es un lugar donde las personas que se reúnen para practicar aspiran a realizar el Jijuyu Zanmai, ese samadhi realizado en zazen en todos los instantes de la vida de todos los días, de forma que ya no haya separación entre uno mismo y la vía.

Para esto, por ejemplo, durante el samu, cuando se pelan las verduras, lo único que hacemos es pelar las verduras, nada más, ponemos toda nuestra energía y concentración en esta actividad, no hay necesidad de hablar, no es el momento de inquietarse por las preocupaciones de la vida cotidiana, de sentir penas, abandonamos toda preocupación para concentrarnos sencillamente en el hecho de pelar verduras y esto al servicio de la comunidad, de la shanga, no para sacar beneficio personal. Entonces, esta sencilla práctica de pelar verduras es instantáneamente una práctica de despertar y de realización. En ese momento, podemos experimentar completamente nuestra interdependencia con el cuchillo, las verduras y los otros que practican el samu al mismo tiempo y sobre todo, aprendemos a abandonar toda preferencia.

Por ejemplo, a algunos les gusta la cocina pero no les gusta hacer la limpieza, quiere decir en ese caso que se está condicionado por el ego que prefiere unos objetos antes que otros. Si abandonamos este espíritu de preferencia, de elección, es una gran  liberación. Cada actividad y cada cosa de la vida toman un valor completo, absoluto, más allá de toda comparación y cada instante es completo, cada práctica se basta a sí misma, podemos sentirnos felices de manera instantánea y libres en lo que hacemos.

Esto hace de cada lugar donde practicamos una verdadera tierra pura, una tierra de Buda, una tierra donde se actualiza el despertar.

Es lo que deseaba el Maestro Dogen para Aihei-ji y el Maestro Deshimaru para la Gendronnière.

 

11 de agosto de 2009 20h30

 

Andando a través de este mundo ilusorio semejante a un sueño

Sin mirar siquiera las huellas

Que podría haber dejado

El canto de un cuco me indica

Que vuelva a casa

Al oírlo inclino la cabeza para ver

Quién me ha dicho que vuelva.

Pero no me preguntéis dónde voy

Pues viajo en este mundo sin límites

Donde cada uno de mis pasos es mi casa

 

                                            Maestro Dogen

 

12 de agosto de 2009 7h

 

Durante zazen estamos simplemente sentados. No hay necesidad de otra cosa, sin embargo surgen toda clase de pensamientos en la mente, pero no nos apropiamos de ellos, no los retenemos. Tampoco buscamos rechazarlos. No tenemos necesidad de pensar, entonces el pensamiento se vuelve completamente libre.

Algunas personas no hacen cosas más que cuando las necesitan, es ser como un animal, e incluso, esto no es seguro.

¡Esta mañana el gallo ha cantado! ¿Lo ha hecho porque tenía necesidad de despertar al gallinero? Seguramente no, simplemente ha cantado.

Algunas personas dicen a veces, ya no tengo necesidad de practicar zazen. Entonces lo dejan. Esto quiere decir que hasta ese momento han practicado un zazen animal.

E incluso los animales hacen cosas que no necesitan, gratuitamente.

La verdadera práctica de zazen empieza cuando ya no se necesita.

Entonces la práctica es completamente libre.

La gente nos pregunta a menudo: ¿por qué practicáis zazen? Y muy a menudo no sabemos responder, y es la mejor respuesta: no saber, no tener necesidad. Hacerlo simplemente: total libertad.

Así es cómo zazen se vuelve, es práctica-realización del Despertar. Lo mismo ocurre para todas las actividades de la vida cotidiana.

Por ejemplo, no tenemos necesidad de ceremonias, es totalmente inútil. Entonces el hecho de  hacer una ceremonia después de zazen se convierte en total expresión de libertad. Actuar más allá de las necesidades, del impedimento.

 

12 de agosto de 2009 16h30

 

¡No durmáis durante zazen! Permaneced completamente atentos a lo que ocurre de instante en instante. Sin apegaros a vuestros pensamientos o a las percepciones agradables, sin odiar ni querer rechazar las percepciones o los pensamientos desagradables. Los fenómenos que surgen de instante en instante están completamente más allá de nuestro control. Y el modo en que hacemos frente a lo que nos ocurre es nuestra práctica.

“Penetrar, realizar la vía no es difícil” decía el Maestro Sosan.

Sencillamente, abandonad el espíritu de selección y de rechazo. Es la práctica la que transforma instantáneamente este mundo de samsara, este mundo de sufrimiento en nirvana. Es justamente otra manera de mirar lo que sucede.

Para seguir realizándolo en la vida cotidiana, el Maestro Dogen dio enseñanzas a sus monjes, en particular al tenzo. Voy a continuar lo que empecé en Maredsous sobre el Tenzo Kyokun.

Dogen recomienda en particular al tenzo que no haga comentarios sobre la calidad de los ingredientes que le trae el intendente. Prepárelo sinceramente y evite las disputas emocionales sobre las cantidades.

En nuestra mente hacemos muchos comentarios sobre lo que nos ocurre: “Está bien, no está bien - Es bueno, es malo para mí - Me gusta, no me gusta”, toda clase de emociones y de conflictos emocionales surgen en nuestra mente, y a menudo afecta a nuestras relaciones con los demás.

Nuestra práctica consiste en aceptar simplemente lo que ocurre tal como es. Actuar lo mejor posible con lo que nos ocurre, en lugar de protestar sin cesar.

“Noche y día las cosas llegan a la mente, dice Dogen, y la mente se ocupa de ellas. En unidad con ellas continuad la práctica de la vía”

No hay necesidad de pensar constantemente en el futuro o de sentir nostalgia del pasado. Estemos en unidad con lo que ocurre a cada instante sencillamente. Incluso si tenemos mucho trabajo, mucha actividad, podemos no estar demasiado ocupados, contentándonos con enfrentarnos simplemente a cada cosa en el momento en que aparece.

A veces me dicen: “¿pero cómo haces para hacer tantas sesshin al año? Y contesto “Yo no hago mucho, sencillamente una cada vez, un zazen cada vez, un instante de práctica a la vez, no mucho”. Es más allá de “mucho - no mucho” eso no se mide, no se compara, es justamente tal como es a cada instante.

 

12 de agosto de 2009 20h30

 

Buscando la Vía por los senderos

De las montañas profundas

El retiro que encontré

No es otro que mi casa natal.

 

13 de agosto de 2009 7h00

 

En el Fukanzazengi, el Maestro Dogen da recomendaciones sobre el estado de la mente durante zazen:

“Rechazad todo compromiso y abandonad todo asunto”. Sólo estamos comprometidos con la postura. Incluso si tenemos responsabilidades en la organización de la sesión, no nos preocupamos de ello durante zazen. Incluso el gran asunto de la vida y de la muerte, no nos preocupa durante zazen, nos contentamos con estar simplemente sentados, totalmente vivos aquí y ahora, penetrando la vida de cada instante.

Es lo que se llama sanzen. No estar al lado de la propia vida sino penetrarla totalmente y comprender así que la vida está más allá de uno mismo y de los demás. No es “mi” vida. Somos vividos por el todo universo. Nos armonizamos con esta vida que está infinitamente más allá de nosotros mismos, como nos armonizamos con la shanga en el dojo y en el gyoji cotidiano.

“No penséis, dice Dogen, esto está bien, aquello está mal, no toméis partido ni a favor ni en contra. Detened todos los movimientos de la mente consciente. De este modo, no juzguéis pensamientos ni perspectivas.”

La mente ordinaria pasa el tiempo juzgando, criticando, comparando.

Durante zazen detenemos todo esto. No nos preocupamos de lo que está bien, ni de lo que está mal. Simplemente nos contentamos con la práctica de cada instante, olvidándonos totalmente de nosotros mismos en esta práctica, ya no se puede cometer ningún mal. Y todo el bien se realiza naturalmente, sin pensar en ello. Pensar no es necesario. Comprender es importante.

Por último, no tengáis ningún deseo, ni siquiera de volveros Buda.

Desear despertarse, desear volverse buda es la más alta motivación por la que nos comprometemos con la Vía. Y este deseo es al mismo tiempo el último obstáculo. Pues cuanto más se desea una cosa, aunque sea el despertar, más nos separamos de ella. Permanecemos separados. Es hacer del despertar un objeto, objeto de la avidez, también hay avidez espiritual, ¡es la peor! De todas las formas de avidez, se puede comprender fácilmente que son ilusorias, pero la avidez espiritual parece justificada. Es muy difícil desprenderse de ella. Podemos abandonar todo pero toda vuestra capacidad de desear queda fijada sobre esa avidez espiritual.

Esto lleva a mucha gente a un callejón sin salida y, o bien se desaniman y abandonan o, aún peor, creen haber obtenido ese despertar y abandonan igualmente, ya no hay necesidad de practicar.

Nuestra práctica consiste en ir constantemente más allá de todo objeto, noble o vulgar. Mientras haya un objeto, hay un ego y nunca estamos en paz, nunca liberados de la raíz del sufrimiento. Zazen no es un medio para sobrellevar esto, es la experiencia directa, inmediata de estar más allá de toda dualidad, de toda separación. Sin pensar en ello.

 

13 de agosto de 2009 16h30

 

Durante zazen, cuando estamos concentrados en la postura, cuando estamos absorbidos por la respiración, podemos olvidarnos completamente de nosotros mismos. Abandonar el modo de funcionamiento ordinario de la mente. Principalmente abandonar la mente de discriminación. Y podemos experimentar la existencia en total unidad e interdependencia con todos los seres.

¿Pero cómo continuar practicando de esta forma en la vida cotidiana?

Es lo que el Maestro Dogen enseña en el Tenzo Kyokun. Recomienda especialmente al tenzo que lave el arroz convenientemente y que vigile con  mirada clara que no se pierda ni un solo grano de arroz.

El alimento que recibimos es un don de todo el universo. Muchos esfuerzos están implicados en la producción del menor grano de arroz. Por tanto recibimos el alimento con gratitud y lo respetamos completamente. Y no derrocharlo, al mismo tiempo es una ocasión para estar totalmente atentos, para desarrollar la vigilancia, no dejar que se pierda nada, no estar distraído. Igual para los utensilios que se utilizan.

Dogen nos dice: “Cuando cocéis el arroz, considerad la olla, la cacerola, como vuestra propia cabeza. Cuando lavéis el arroz, sabed que el agua es vuestra propia vida”.

Al principio de la sesión se ha recomendado no malgastar el agua. El agua es la vida. Aprender a proteger el agua, a no malgastarla es aprender a proteger la vida en la tierra. Habrá que tener cada vez más cuidado, empezando desde ahora.

Cuando se hace samu, se utilizan diferentes instrumentos, diferentes herramientas. Debemos tener cuidado, como se cuida el propio cuerpo. Los instrumentos son la prolongación del cuerpo humano. Cuidadlos.

No es sólo una actitud económica. Es nuestra manera de expresar nuestra total unidad con las existencias, sin discriminación. Es el estado de espíritu fundamental en zazen: dejar de discriminar, continuamos en la vida cotidiana.

Por ejemplo, Dogen dice: “Coged una sencilla brizna de hierba, y erigid encima un santuario dedicado a Buda”.

Un santuario es un edificio normalmente bastante grande; una brizna de hierba es minúscula. El espíritu de zazen no discrimina ni siquiera entre lo pequeño y lo grande.

No discrimina tampoco entre lo que es noble y lo que lo es menos. Por ejemplo, cuando se cocina, Dogen recomienda:

“Cuando preparáis una sopa con verduras corrientes, no tengáis una actitud de desprecio. Pero cuando preparéis un consomé de alta calidad, no tengáis una actitud de entusiasmo. Si no se tiene apego, ¿Cómo se puede sentir el menor disgusto? Incluso los ingredientes más corrientes, no hay que despreciarlos. No cambiéis vuestro ánimo en función de las materias que utilicéis”. Añade: “La gente que cambia de estado de ánimo en función de los ingredientes, que cambian su manera de hablar con los demás en función del estatus no son personas de la Vía”.

Es una advertencia muy grave: no estéis apegados al estatus, a la posición de los otros, ni a la vuestra. A menudo me doy cuenta de las personas que, cuando hablan al godo, hablan con deferencia, con mucho respeto, que no manifiestan en absoluto frente a los principiantes. Por favor, no cometáis ese error. Dirigíos con el mismo respeto a un antiguo, a un principiante, a un niño o a un animal. Todos los seres son buda, todos los seres merecen nuestro más alto respeto. Y evidentemente, no os apeguéis tampoco a vuestra propia posición.

En un dojo, en un templo, hay forzosamente posiciones diferentes. Igualmente, en todas las instituciones sociales, hay diferencias. Pero no os apeguéis a estas diferencias, no busquéis una posición elevada. Contentaos sencillamente con cumplir lo mejor posible vuestra función, en armonía con la shanga o con la comunidad humana en la que os encontréis. Es nuestra manera de practicar zazen en la vida cotidiana.

 

13 de agosto de 2009 20h30

 

Durante zazen, no os dejéis distraer por los pensamientos.

Concentraos como si vuestra vida dependiera de ello. Un instante de distracción y estamos muertos. Así es como ocurren muchos accidentes.

Estar distraído quiere decir dejar la vida aquí y ahora. Perderse en las abstracciones. Se está en un mundo virtual. Se está en el pasado, añorando el pasado, esperando cosas que van a llegar, evadirse a otro lugar. Sin estar ya en el dojo, sin estar ya en el lugar de la vía, sino en el mundo del ego, de nuestras fabricaciones mentales.

Por eso, poned toda vuestra energía en la postura. Basculad la pelvis hacia delante como si no quisierais que el ano tocara el zafu. Estirad bien la columna vertebral relajando todas las tensiones de la espalda. Estirad la nuca como si un hilo os estirase desde la coronilla. Al mismo tiempo, relajad completamente los hombros y expandid el vientre. Inspirad y expirad tranquilamente por la nariz: no pretendáis modificar vuestra respiración; contentaos simplemente con estar presentes en la respiración.

Prajnatara era el maestro de Bodhidharma. Un día, un discípulo le preguntó:

“¿Por qué no estudia los sutras?

El respondió: “Cuando inspiro, no permanezco en el terreno del cuerpo y de la mente. Cuando expiro, no estoy implicado en todas las circunstancias”

“No permanecer en el terreno del cuerpo y de la mente” quiere decir no quedarse encerrado en sí mismo.

Se dice que zazen consiste en hacerse íntimo con uno mismo. Uno mismo no está limitado al terreno del cuerpo y de la mente- es decir el terreno de las sensaciones, de las percepciones, de los pensamientos.

Tomamos conciencia un instante, en el momento en que surgen e inmediatamente se vuelve a la respiración y dejamos pasar. De este modo, ya no nos dejamos encerrar en nuestro pequeño mundo interior y nos abrimos al mundo tal como es, sin separación entre interior y exterior.

“Cuando expiro no estoy implicado en todas las circunstancias”: es actuar  sin estar apegado al resultado de la acción, no estar perturbado por todos los fenómenos- se les llama a veces “ los vientos que agitan el espíritu”- las alabanzas a las que nos apegamos, las críticas que nos molestan, apegarse a la ganancia, tener miedo de perder...

Cuando no estamos apegados al terreno del cuerpo y del espíritu, y no estamos implicados en todas las circunstancias, cuando el espíritu encuentra su paz, nos volvemos como la superficie del agua del océano cuando el viento ha dejado de producir olas. Todo se refleja con claridad.

Todos los fenómenos que se reflejan se vuelven sutras. El universo entero es un sutra. Podemos leerlo con una mirada clara.

No hay necesidad de apegarse a las palabras, a las nociones fabricadas por la mente.

Ver directamente lo que es tal como es, sin añadir nuestros comentarios.

Así es como se produce la verdadera intimidad, más allá de uno mismo y de los demás. La intimidad con el Dharma que disuelve todas las separaciones.

Es la enseñanza del gran sutra de la naturaleza.

En este sutra, cada persona es una persona verdadera, auténtica.

 

14 de agosto de 2009 16h30

 

En la continuación de sus recomendaciones al tenzo, Dogen dice: “Si es resuelto y sincero en sus intenciones, hará el voto de superar a los antiguos en atención y en pureza de espíritu”.

La manera justa de aplicar el espíritu de la vía a esto es decidir que incluso si los antiguos maestros, con una pequeña suma de dinero, hacían una sopa de verduras vulgares, ahora, con la misma suma, hará una sopa de muy alta calidad.

Es difícil de realizar, pero ¿Por qué hacer esto? La diferencia entre los antiguos y la gente de hoy es tan grande como la distancia entre el cielo y la tierra. ¿Cómo podríamos alcanzar su nivel?

Si emprendemos esta tarea de tenzo con atención, podemos superar definitivamente a los maestros: Es un principio absolutamente cierto, si todavía no lo comprendéis, es porque vuestros pensamientos están dispersos como pájaros, porque vuestras emociones se agitan como los monos en un bosque. Si estos monos y estos pájaros pueden dar un paso hacia atrás, el paso hacia atrás de la iluminación interior, entonces os volveréis naturalmente uno, unificado.

Lo que quiere decir que, es más bien un medio a través del cual, aunque sois dirigidos por los fenómenos, también podéis dirigirlos vosotros.

“Siendo así puros y armoniosos, no perdáis el ojo de la unidad ni el ojo que discierne las diferencias”

La enseñanza de Dogen es muy importante. A menudo tenemos una especie de complejo de inferioridad con respecto a los maestros del pasado o a los grandes monjes. La razón principal de esta diferencia entre ellos y nosotros es que nos dejamos distraer constantemente por nuestros pensamientos y emociones.

Esto está ligado sin duda a la civilización en que vivimos, con demasiado ruido, informaciones y agitación.

De este modo, cuando venimos a hacer una sesión a la Gendronière, es fundamental volver a una total concentración en el cuerpo y en la respiración, en zazen y en la vida cotidiana, y sobre todo dar ese paso hacia atrás que significa no seguir los propios pensamientos o las emociones, no alimentarlos, no mantenerlos.

Pero además, esta concentración no es suficiente. Hay que utilizar los dos ojos para la observación justa. Ser capaz de observar con detalle las diferencias, observar todos los fenómenos en sus particularidades, pero al mismo tiempo, ver la unidad.

Todos los fenómenos diferentes que nos asaltan constantemente son, en el fondo, sin ninguna sustancia fija. Totalmente mujo. Son pues totalmente iguales en esto. Cuando se observa esta igualdad, entonces ya no nos sentimos atraídos ni repelidos por nada, podemos actuar con ecuanimidad.

En la cocina en particular, esto quiere decir tratar de la misma manera los ingredientes nobles y los vulgares.

 

14 de agosto de 2009 20h30

 

Los pétalos de las flores de melocotonero se abren

En el viento de primavera

Y  barren todas las dudas en medio

De las distracciones, de las ramas y de las hojas.

 

15 de agosto de 2009 7h

 

Durante zazen, no salgáis del dojo.

No salgáis físicamente del dojo, y no os escapéis tampoco en vuestros pensamientos.

Sentados inmóviles, pensad en no pensar. ¿Cómo? Sin pensar.

Es el arte esencial de zazen. La enseñanza esencial del Maestro Dogen, Sentarse solamente, sin  pensar. Es decir, sin intención –Hishiryo. Esto no quiere decir reprimir los pensamientos. Simplemente no dejarse arrastrar por ellos. Ver los pensamientos como simples pensamientos, nada importante.

Los seres humanos tienen tendencia a apegarse a sus pensamientos, a sus opiniones. Es lo que les hace los seres más peligrosos del mundo. Nos matamos por nuestras ideas. Y dejamos de lado la verdadera vida a causa de nuestras ideas. No son más que abstracciones.

Querer suprimirlas no es la verdadera liberación, es concederles aún mayor importancia. Querer estar sin pensamiento es también otra fabricación de la mente.

Algunos se hacen ideas sobre lo que es el verdadero Zen, sobre lo que es el Despertar. Se esfuerzan por hacer que su práctica se parezca a esta idea. El despertar no es una idea. Todas las ideas que podemos hacernos no tienen ninguna relación con la realidad. Por eso nos esforzamos en enseñar sólo la práctica. Dejar hacer la práctica misma, sin darle coloración. El ego tiene tendencia a querer dar siempre un sabor, un color a lo que vivimos. Pero zazen no lo necesita.

El verdadero silencio de zazen es cuando se comprende que no hay necesidad de comentario.

Es la paradoja de la función del godo: esforzarse por enseñar lo que no puede ser enseñado. Como todos los discursos sobre el silencio.

Practicar verdaderamente es abandonar todo discurso.

De este modo, durante esta sesión, antes de hablar, preguntaos: ¿Hay realmente necesidad de este comentario? No os apeguéis especialmente al silencio como una cierta idea de lo que es la práctica. Preguntaos más bien ¿para qué hablar?.

 

15 de agosto de 2009 16h
 

Mondo

 

¿Por qué hay cortinas entre el dojo y el gaetan?

R: Para que haya una diferencia entre el interior y el exterior del dojo. De manera tradicional, hay siempre una cortina o algo a la entrada del dojo. Pero en realidad el gaetan también forma parte del dojo, es un lugar un poco diferente, quiere decir que la regla en el gaetan es menos estricta, uno puede moverse, por ejemplo, o sentarse en una silla. Esta es la principal diferencia, a parte de esto, el gaetan forma parte del dojo. Sin embargo en el dojo tiene que haber una cortina, es la tradición, siempre se ha hecho así. ¿Te sientas en el gaetan  o en el dojo?

Me siento en el gaetan.

R: Ah, ¿y te molesta entonces que haya una cortina?

En realidad, no he frecuentado muchos dojos, pero en los pocos dojos que he visto no había está verticalidad entre el dojo y el gaetan. Había una marca horizontal.

R: Sí, es cierto. En Maredsous es así. Se pone una viga simbólica pero no hay cortina. Sencillamente, esto es un templo, un monasterio incluso y por tanto se sigue el método tradicional de los templos.

 

Durante la ceremonia fúnebre para Michel Bovay has dicho que esperabas que las causas y condiciones hubieran cesado para él.

R: Las causas  y condiciones del sufrimiento, sí, no soy yo quien ha dicho esto, forma parte del sutra tradicional que se lee en estas ocasiones.

Creo que no comprendo bien ese deseo de que las causas y las condiciones cesen, sé que es un punto importante.

R: Pero toda persona que practica la Vía de Buda aspira a que las causas y las condiciones del karma, y por tanto los sufrimientos, desaparezcan. Y que por tanto se realice lo que se llama el nirvana, es decir, la gran liberación, la gran paz del espíritu. Y para los muertos se desea siempre que realicen el nirvana, es lo mejor que se le puede desear a alguien. Sencillamente, en el budismo Mahayana y en especial en el zen, aunque las causas y las condiciones kármicas desaparezcan, no se desea evadirse del mundo, uno mismo, cada uno, no se desea. Se ve el nirvana simplemente  como una manera diferente de vivir este samsara, vivir en el mundo de los fenómenos, que se llama generalmente samsara, pero de otra manera, es decir, liberado del veneno de la avidez, del odio, de la ignorancia. De manera que, incluso si se está en medio de este mundo donde existe el sufrimiento,  ya no se sufre, y se es capaz de ayudar a los demás a liberarse.

Dicho de otro modo, ya no se desea principalmente para un gran monje y un maestro como Michel, no se desea que se desvanezca definitivamente en una especie de nirvana, de no existencia en este mundo, sino más bien que renazca en buenas condiciones para continuar ayudando a todos los seres, como un bodhisattva.

Lo que leímos era un sutra tradicional, lo hemos leído tal como es, yo no lo habría dicho así. Yo le deseo a Michel renacer en unas condiciones tales que pueda proseguir su práctica de la Vía al servicio de los demás.

 

Acabo de saber que la Soto Shu japonesa se ha establecido en la corriente del siglo XIX.

R: ¿No lo sabías?

No, después o a causa de una amenaza específica de la política japonesa, para ser más fuerte contra esa amenaza.

R: Sí, sí por supuesto...

Bueno. Está muy bien, pero ¿por qué ahora siempre hay necesidad de una organización central cuando esta amenaza no existe a mi entender?

R: Pero lo que siempre existe es la amenaza  de la división, la debilidad, el riesgo de debilidad interna del zen, como de todo movimiento espiritual, es la división interior, las oposiciones internas. Y es en el Zen Soto, desde la muerte de Dogen, en fin desde Keizan más exactamente. Hay dos grandes líneas que dependen de dos grandes templos los Han Zan: Eihei-ji y Soji-ji.

En algunos periodos han cooperado y en otros periodos mantenían una rivalidad. Y por tanto, a finales del siglo XIX, en el momento en que el emperador quería favorecer el  Shinto y dejar de lado a los budistas y principalmente al Zen, por supuesto los monjes zen han sentido más que nunca la necesidad de armonizarse, de aliarse.

Por supuesto ahora este peligro ha desaparecido, pero siempre es muy útil tener una organización que favorezca la armonía entre las diferentes corrientes. Y eso lo hacen muy bien, son muy buenos para eso. Yo al principio tenía un cierto prejuicio contra la Soto Shu en tanto que organización institucional etc. Pero de hecho, son extremadamente liberales, no imponen dogmas, no imponen..., sino que por el contrario trabajan activamente para la armonización.

E incluso por ejemplo en Europa, han favorecido mucho la reconciliación y la armonización de las diferentes Sangha salidas especialmente del Maestro Deshimaru. Y creo que nos enseñan realmente lo que es una de las cualidades esenciales de los monjes y las monjas zen, que es la armonía. Y ¡Eso escasea, escasea realmente!

Y para ellos eso es realmente la cualidad fundamental: trabajar para la armonización. Y yo creo que nos hacen un gran servicio y nos dan un buen ejemplo con esto.

Y por ejemplo, se puede decir que aquí también la AZI tiene, debería tener en todos los casos y desarrollar más, esta función de armonizar, ahora, ya que hay varias Sangha, varios maestros en la AZI, también es el papel de la AZI el favorecer esta armonización. Y también trabajar juntos para armonizar Zen japonés y Zen occidental.

Por ejemplo, hace diez años, cuando la Soto Shu, o hace ocho años, cuando vinieron  Europa, se temió que hubiera una especie de japonización, eso no proviene de la Soto Shu. La Soto Shu no nos ha dicho nunca “tenéis que practicar el zen a la manera japonesa” nunca, nunca.

Por el contrario, nos enseñan cómo practican ellos, principalmente los rituales- porque el zazen es exactamente igual- pero los rituales, para que se comprenda el sentido y la manera de hacerlo, la manera original, y a partir de eso, se puede crear. Nos animan a crear nuestra  propia manera.

Pero yo creo que no se puede crear, es siempre la idea la que hay que occidentalizar etc. Hay que hacerlo, por supuesto, pero creo que no se puede hacer de manera válida si primero no se estudia bien la tradición, si no se comprende bien primero el significado, de forma que no se haga de cualquier manera, y además que se haga de forma progresiva, poco a poco. A través de la práctica, la vida, nos damos cuenta: mira, más vale hacer las cosas de esta forma o de esta otra...

Desde este punto de vista hay una buena cooperación entre el Soto Shu y el Zen Occidental.

De hecho no son tan centralistas.

R: No, en absoluto. No es su objetivo. Su meta no es en absoluto ser centralistas.

Los grandes principios de la Soto Shu que están en el artículo 1 de su carta, son los grandes principios del Zen de Dogen: la práctica de shikantaza, shu sho ichi nyo, los grandes principios el zen de Dogen. Eso toda la gente que sigue el Zen Soto, la enseñanza del Maestro Deshimaru, lo siguen de todas maneras.

Y por el contrario, lo que se esfuerzan por hacer realmente es armonizar.

Entonces pensad en ello también para vosotros, en vuestros dojos, en vuestras asociaciones, cuando se es monje, sobre todo- todo el mundo por supuesto- pero cuando se es monje especialmente, se debe buscar la armonía.

Después de la ceremonia de entronización del Abad de la Gendronnière, he preguntado:

¿Qué me aconsejáis, tenéis alguna recomendación que hacerme?

Y la respuesta del  KaikyoSokan ha sido una sola palabra:

-Armonizar.

 

Quisiera saber si el shusso y/o los kyosakumen están autorizados a golpear a la gente que duerme.

R: ¡Sí! (risas)

¿Antes de que el godo haya dado oficialmente la autorización? Porque, en ese momento, podría tener la ventaja de despertar a uno que ronca y despertar, según la película que hemos visto sobre Dogen, al vecino (risas).

R: Sí absolutamente, sí. Está bien que hagas esta pregunta. Absolutamente. Pero bueno, a veces lo recuerdo, pero se da por supuesto, no tendría que haber necesidad de decirlo, el kyosakuman tiene que dar el kyosaku de oficio a los que duermen (risas).

 

Ayer durante el zazen de las 16h00, ha hablado de un texto del Maestro Dogen en el que se trataba del tenzo. Se trataba de no hacer distinción entre los alimentos nobles y los alimentos menos nobles. Y hay algo que no he comprendido muy bien porque para mí es un poco antinómico decir que no se hace discriminación pero se considera que hay alimentos nobles y alimentos menos nobles.

R: Sí, sí por supuesto. Pero habría que poner comillas: “los alimentos que son en general considerados como nobles por la gente”.

Pero precisamente el tenzo debe abandonar estas categorías que surgen del espíritu del ego, del espíritu ordinario, del espíritu social.

Y evidentemente, esto se aplica en primer lugar, y muy sencillamente a la forma como se tratan los ingredientes de la cocina, pero es aún más importante la prolongación que Dogen le da diciendo:”No hay que discriminar entre las personas” Esto es aún más importante. Y dice en el mismo párrafo, “Las personas que se dirigen a los demás de manera diferente según su estatus social no son personas de la Vía”. Es gente que está completamente al margen de la Vía.

Yo estoy al cien por cien de acuerdo con esto, me parece muy importante. Y a veces me doy cuenta, siendo godo, incluso después de ser nombrado abad de la Gendronnière, hay gente que ha venido a verme ¿Cómo tenemos que llamarte ahora? ¿Cómo tenemos que hablarte? Les parecía que así de golpe, había adquirido una posición, un estatus que requería marcas de reverencia especiales. Siempre he contestado: “Me llamais Roland, y para mí no hay que cambiar nada, absolutamente nada, y sobre todo, ¡no hagáis diferencias!”

Entonces, desde luego, “no hacer diferencias”, no quiere decir tratar a un godo como se trata a un amigo, sino más bien tratar al amigo como se trata al godo, ¡es diferente! Es decir, manifestar respeto, esto es necesario, pero frente a todos los seres, no solamente “Ah, él es importante, hay que hacer gassho, etc.”

Normalmente, en un monasterio, cuando se cruzan las personas se hace automáticamente gassho, cualquiera que sea la persona. No se trata de inclinarse más profundamente porque es el abad o porque es... se hace gassho.

Y por ejemplo cuando Niwa Zenji vino- por tanto era el abad del mayor monasterio del Japón, Eihei-Ji una mañana llovía, estaba bajo la lluvia a la entrada del dojo, y saludaba absolutamente a toda la gente que entraba de la misma manera, en cuanto uno pasaba delante de él hacía gassho, hombre, mujer, monje, laico, hasta tal punto que me dije, ¡si por casualidad pasara un perro seguramente le haría gassho también! Seguramente lo habría hecho, ¡No había ningún perro en aquel momento! Este espíritu es importante.

 

¿Qué quiere decir “abrir la gran puerta del zen?”

R: Es abrirla para los demás y evidentemente para uno mismo y precisamente, no crear ya separación, diferencia entre uno y los demás. La gran puerta del zen es que finalmente no hay puerta, es una Vía sin puerta, Es decir que existe en todas partes, eso es, no limitada a un lugar en particular.

Se diría más bien “abrir la gran puerta del espíritu” realizar el espíritu amplio, dai shin, precisamente el espíritu que no discrimina entre grande y pequeño, noble y vulgar, el espíritu amplio.

Cuando se le abre la puerta a un principiante, por ejemplo, enseguida se puede abrir todo, no hay...

R: no hay nada escondido, no, no hay nada oculto, no hay nada esotérico, por supuesto. Pero a un principiante no hay que complicarle el espíritu enseñándole demasiadas cosas. Cuando se trata de un principiante uno tiene que volverse también principiante, y preguntarse en ese momento ¿Qué es realmente importante cuando se empieza? Hay cosas que pueden aprenderse poco a poco, no es necesario querer explicar todo a un principiante la primera vez que llega a un dojo... Primera cosa que hay que enseñarle, la postura y los gestos.

Porque yo lo he olvidado ahora a veces, tengo restos, pero lo esencial ya no lo sé... lo intento, pero...

R: ¿Pero qué practicas entonces? ¿Practicas lo accesorio?

No, no, intento... me adapto a la persona completamente, entonces ¿puede ser demasiado?

R: Ah sí, no hace falta adaptarse demasiado. No hay que adaptarse demasiado porque la gente en general está en la ilusión, entonces, si queremos adaptarnos a ella, nos volcamos también en la ilusión. Para ayudar a la gente hay que tener suficiente empatía para ponerse en su lugar, pero no hay que ponerse totalmente, porque si no, es como alguien que quisiera sacar a alguien que se ahoga y que se ahogara con él.

La gente se ahoga en sus complicaciones mentales en general, y a menudo incluso cuando llegan a un dojo, han leído muchos libros sobre la espiritualidad, el budismo zen... Y después de mucho trabajo intelectual, de repente se dicen: “sí, de hecho, quizá sería importante practicar”. Entonces atraviesan la puerta del dojo, pero están llenos de todo un saber que precisamente harían bien en olvidar. Y si tú dices “Yo tengo que adaptarme” entonces alguien que conoce el budismo de memoria, que tiene ganas de hablar del budismo contigo y entras en las grandes discusiones.

¡No, no podría seguirle!

R: Da igual, cualquier discusión. Hay que evitar las discusiones, incluso aquí en el  mondo hay que evitar las discusiones.

 

17 de agosto 2009 7h

 

Durante zazen  estamos sentados inmóviles, el cuerpo no se inclina ni hacia delante, ni hacia atrás, ni a los lados. No seguimos las propias inclinaciones, las tendencias. Quedamos centrados sobre la verticalidad de la postura. Empujamos el cielo con la coronilla, la tierra con las rodillas. La barbilla esta recogida, los hombros relajados, el vientre distendido. Inspiramos y expiramos tranquilamente por la nariz y dejamos pasar todos los pensamientos.

Practicando así nos volvemos completamente íntimos con nosotros mismos. No se trata de una técnica de meditación. Sino, como recuerda Dogen en el Fukanzazengi, el zazen que practicamos no es otra cosa que la puerta del Dharma. El Dharma de paz y de felicidad, la práctica-realización de un despertar perfecto, manifestación de la realidad última.

Es importante tener completa confianza en esto. Tener fe en el hecho de que somos ya lo que intentamos a veces llegar a ser.

Zazen es la gran puerta del Dharma. Elimina todos los muros, todas las separaciones.

Nos hace receptivos a la última realidad que no es algo oculto, lejano, sino lo que somos desde siempre. Es lo que nos muestran todos los fenómenos que nos rodean.

Si se practica con esta fe profunda, nuestra práctica es inmediatamente realización. No esperamos otra cosa que lo que está presente. Acogemos todos los fenómenos como puerta de Dharma. No hay necesidad de correr aquí o allá. Si estamos inmóviles en zazen no es por obligación. Es precisamente porque no hay necesidad de ir aquí o allá.

Aquí y ahora es el lugar de la realización. Ya no hay necesidad de hacer esfuerzos para no moverse. Es como entrar en casa y sentarse en paz. Dejar de ser un extraño para uno mismo y el mundo y encontrar la verdadera intimidad, la fe que es no separación: como las manos en gassho, el cuerpo prosternado en la tierra.

Se habla a veces de espíritu religioso: el esfuerzo del ser humano para unirse a lo que le sobrepasa infinitamente. Pero esto nunca ha estado separado de nosotros. Es la realización del espíritu antes de toda separación, la religión antes de toda dualidad. Todo está siempre unido a todo, no existimos solos.

Así es el Dharma y zazen nos armoniza con esto: ya no hay causa de conflicto y podemos permanecer sentados en paz y ser perfectamente felices.

 

17 de agosto de 2009 11h

En zazen nos relajamos, estamos sentados a gusto. No nos esforzamos en practicar algo especial. Shikantaza: “Solamente sentarse” está más allá incluso de la práctica. No hacemos algo, estamos sencillamente sentados. Cuando estamos simplemente sentados, realizamos el espíritu mushotoku, el espíritu sin avidez y que no persigue ningún objeto.

Por supuesto, no se persiguen los objetos de deseo ordinarios. Tampoco se tiene necesidad de perseguir un objeto espiritual. No se busca obtener el satori, no se busca alcanzar el nirvana, ni llegar a ser buda. Todos estos objetos, estos objetivos son abandonados.

Incluso si es nuestra motivación inicial el realizar estos objetos, cuando se entra en el dojo y nos sentamos en zazen se olvidan, se abandonan. No es que se rechacen, simplemente ya no nos apegamos a ellos.

Pensamos a menudo que ser mushotoku es muy difícil: es infinitamente más difícil aún no serlo. Pues entonces nos metemos en un proceso de sufrimiento infinito. Pues en el fondo no podemos asir nada.

Es sólo nuestra ilusión la que nos hace creer que hay un ego que puede obtener algo. Dejar que se disipe esta ilusión es la gran liberación de zazen. Por último, esto no es tan difícil. Nuestro espíritu ordinario lo hace difícil porque creemos que se trata de una pérdida, de una especie de catástrofe.

Es en realidad una realización, despertar, armonía con el orden cósmico, cese de todas las causas del sufrimiento.

Si tenemos fe en esto, nuestra práctica confirma nuestra fe, pues la práctica se vuelve pura. Es cese de toda avidez, y al mismo tiempo cese de todo odio. Generalmente odiamos lo que impide la realización de nuestros deseos, nuestra avidez, pero si esta avidez desaparece, todo motivo de odio desaparece con ella.

Nada puede realmente molestarnos, ni siquiera nuestras ilusiones. Podemos ver como se manifiestan como viejos hábitos mentales, viejos funcionamientos, y no dejarnos arrastrar por ellas.

Cuando hace calor, tenemos sencillamente calor, cuando duelen las rodillas se tiene dolor de rodillas. ¡No hay por qué hacer un drama!

Si aparece la cólera, la tristeza, ¡es simplemente cólera, tristeza! Tampoco hay por qué culpabilizarse por esto. Es simplemente esto, justo en este instante, la realidad completamente impermanente.

Esta impermanencia es nuestra verdadera naturaleza, la naturaleza de todos los seres, la naturaleza de buda. Lo que se llama la práctica consiste en aceptarla completamente. Aceptar esto: esta impermanencia-naturaleza de buda. Sin pena, ni a disgusto, sino alegremente, como gran liberación.

Es lo que hacía decir al maestro Dogen que zazen no es otra cosa que la gran puerta del Dharma de paz y felicidad, la práctica-realización del despertar perfecto.

 

17 de agosto 2009 16h30

No os durmáis. No relajéis vuestra concentración en la postura del cuerpo. Poned toda vuestra energía en la postura, es lo que permite no dejarse llevar por los pensamientos o la somnolencia.

Pensad con el cuerpo. Es decir permaneced completamente presentes en este instante, tal como el cuerpo en la postura. El cuerpo es absolutamente como es: más allá de todo pensamiento.

Volver al cuerpo es penetrar la última realidad, lo que no puede ser expresado con palabras, lo que no puede ser explicado por el lenguaje. Estar implicado en el cuerpo es estar más allá de toda noción.

Este cuerpo no es pequeño, el universo no es vasto, no son dos, entonces, nuestro verdadero cuerpo se realiza.

Podemos vivir y experimentar lo que las trampas y las redes de la actividad mental no pueden asir.

Cada vez que volvemos al cuerpo, abandonamos lo que nos separa de la Vía.

 

17 de agosto de 2009 20h30

 

Las idas y venidas del pájaro acuático

No dejan huellas

Pero no olvida nunca la Vía que sigue.

 

18 de agosto de 2009 7h

 

En lugar de iros de vacaciones, habéis venido aquí a practicar la Vía. Sin duda es porque tenéis una fuerte aspiración a realizarla, un gran  espíritu de Despertar.

¿Cómo practicar la Vía para que esta Vía sea realmente una práctica de despertar y no esfuerzos inútiles en espera de un futuro Despertar? dicho de otro modo, ¿Cómo no decepcionar vuestra aspiración por el Despertar?

 

El joven Joshu estudió el budismo pero todavía no había realizado la Vía, como muchas personas que vienen al campo de verano, que han leído libros sobre el budismo, sobre el zen, que se han hecho una cierta idea y les gustaría tener la experiencia real de la Vía.

 

Cuando Joshu se dirigió al sur de China, junto al Maestro Nansen, le preguntó directamente: “¿Qué es la Vía?”

Seguramente, Joshu imaginaba que se trataba de algo especial.

Cada uno se hace su idea sobre la Vía, sobre el zen, sobre el Despertar; a continuación, hace toda clase de esfuerzos para intentar asemejarse a esa idea. Esto se vuelve sencillamente un apego suplementario. Nos apegamos a algo especial, producido por el espíritu de discriminación, mientras que  es ese espíritu que nos aprisiona, ese mismo espíritu el que conviene abandonar.

Entonces Joshu pregunta: ¿Debemos dirigirnos hacia él, hacia ese espíritu ordinario que es la Vía?

Nansen le responde: Si intentáis dirigiros hacia él os alejáis. –Si no intentamos acercarnos, pregunta Joshu, -¿Cómo se puede saber que es la Vía?

Nansen responde: La Vía no pertenece al saber ni al no saber. El saber es una ilusión, no saber es confusión. Si realizáis la “Vía de la no duda” es como un vacío infinito, inmenso e ilimitado. ¿Cómo puede haber verdadero  o falso en la Vía?” Al oír estas palabras, Joshu despertó completamente.

 

La Vía del Zen no es una cuestión de saber, sino más bien de funcionar instante tras instante en armonía con el Dharma, es decir, con la realidad tal como es, no tal como se la representa. Está absolutamente más allá de toda idea. Es abandonando toda idea, todo espíritu que se apega a estas ideas que podemos armonizarnos verdaderamente con la Vía. En la misma práctica, cuerpo y espíritu en unidad con cada acción, sin imaginar que se hace algo especial. Sin ni siquiera apegarse a la Vía que creemos realizar. Entonces, todo se vuelve expresión de la Vía. Nada especial.

 

18 de agosto de 2009 11h

Durante zazen empujamos el cielo con la coronilla y la tierra con las rodillas. No elegimos un lado: no estamos, por ejemplo, vueltos hacia el cielo, como en muchas religiones. Simplemente, estamos arraigados en la tierra. El cuerpo y el espíritu en zazen son completamente un vínculo entre arriba y abajo, entre el cielo y la tierra, sin hacer distinción entre los dos. Realizamos un espíritu amplio que engloba todas las dimensiones. El pie derecho sobre el muslo izquierdo, la mano izquierda sobre la mano derecha.  Los dos lados están unidos de forma natural, como también las manos en gassho.

Así, la postura de zazen es la postura de la armonía. E influye completamente nuestra manera de respirar y de pensar. Inspiramos y expiramos tranquilamente por la nariz. Estando atentos a la respiración más que a nuestros pensamientos, no creamos ya separación entre el interior y el exterior de nuestro cuerpo, respiramos con todo el universo.

Por ejemplo, en este dojo respiramos el mismo aire, y compartimos la misma postura y compartimos la misma práctica. Como no permanecemos sin pensamiento alguno, no desarrollamos un espíritu especial.

Es lo que el Maestro Nansen llamaba “Ei jo shin”

“Ei” quiere decir liso, como el cráneo cuando acabamos de afeitarlo. Sencillo, apacible y humilde, no especial. “jo” quiere decir cotidiano, lo que continúa sin cesar, como el sol que se levanta cada mañana al este y se pone cada tarde al oeste. Nos levantamos por la mañana, venimos a hacer zazen, vamos a comer la gen mai, descansamos, hacemos samu. No creamos oposición entre estas diferentes prácticas. De este modo, concentrarse en cada cosa, es la condición normal: funcionar más allá del espíritu de selección, de discriminación. Armonizarse naturalmente con el orden cósmico. Abandonar el espíritu que crea el karma, que nos arrastra a una trasmigración incesante.

Es una gran liberación y cada uno puede realizar la experiencia más allá de las palabras en la vida cotidiana. Y si es simplemente para uno mismo no es el verdadero Despertar. ¿Por qué practicar con los demás y para los demás? Es completamente necesario para la realización de la Vía. Pues la Vía es sin separación entre uno mismo y los demás. Si estamos centrados en nuestro ego, es decir, en una idea muy limitada que nos hacemos de nosotros mismos, nos imaginamos que dedicar tiempo a los demás, dar la propia energía para los demás es una especie de pérdida para uno mismo. Pero si comprendemos que los demás y uno mismo nunca estamos realmente separados, dar es recibir.

Ya no hay necesidad de tener miedo a perder: ¿Alguien es mejor que uno mismo? ¡Pues mucho mejor! Ya no hay necesidad de estar celoso o envidioso.

La gente se pregunta a menudo si practican, y cómo progresan en la vida práctica de la Vía. Ahora hay personas que practican desde hace 10, 20, 30 ó  40 años.

“¿Qué es progresar en la Via? ¡Dejad de hacer diferencias entre lo corriente y lo sagrado!; lo que es la Vía y lo que no es la Vía; y sobre todo lo que es de uno y lo que es de los demás.”

Incluso si esto parece exigir un cierto esfuerzo, es la Vía más fácil para llevar una vida armoniosa.

 

18 de agosto de 200916h30
 

Mondo

 

Quisiera saber cómo se trata la culpabilidad imaginaria o real.

R: En primer lugar, la culpabilidad no está provocada por la enseñanza del zen, es decir, que por ejemplo, los preceptos del arrepentimiento- con respecto a los errores que se han podido cometer- provocan no culpabilidad, sino arrepentimiento, es muy diferente. Si nos damos cuenta de que hemos transgredido los preceptos y que por esta causa hemos provocado sufrimiento a los demás o a uno mismo, es la ocasión de despertar. Es la ocasión para despertar de la propia ilusión, de darse cuenta de que se ha seguido una ilusión, y por esta causa, hemos cometido un error, y si se comprende esto profundamente, sobre todo si se ven las consecuencias, es decir, el sufrimiento provocado, no vamos a añadir sufrimiento culpabilizándonos a nosotros mismos, porque esto va contra la enseñanza de Buda. La culpabilidad es odiarse a uno mismo, la culpabilidad va contra los preceptos. No se debe odiar a nadie, ni a los demás ni a uno mismo.

Por tanto, en lugar de la culpabilidad que mantiene el odio contra uno mismo o la desvalorización de uno mismo, hay que preguntarse simplemente “¿Qué ha pasado?” “¿Cómo es que he caído en esta ilusión y he cometido este error?” “¿Por qué condicionamiento, por qué encadenamiento de causas?” Y desarrollar por tanto la propia sabiduría, la sabiduría práctica, relativa, con respecto a los fenómenos, para intentar no volver a renovar este mismo tipo de error en el futuro. Y después también observar el sufrimiento que se ha provocado a los demás y a uno mismo y desarrollar el espíritu de compasión con respecto a este sufrimiento provocado. Es la compasión la que nos motiva a corregir nuestros errores y a aprender partiendo del error, por tanto a despertar a partir del error.

Porque precisamente la capacidad, que normalmente desarrolla zazen de ponerse en el lugar del otro, de estar en empatía con el otro, nos hace sentir normalmente el sufrimiento del otro como si fuera nuestro propio sufrimiento y por tanto esto se convierte en motivación para dejar de provocar este tipo de sufrimiento, por tanto arrepentirse de los propios errores.

Pero si vamos más lejos del arrepentimiento, que es una forma de despertar, y vamos hasta la culpabilidad, entonces, como ya he dicho, se convierte en odio a uno mismo. Y entonces psicológicamente generalmente esto es el resultado de la interiorización de las figuras paternas y de la interiorización de esta forma de autoridad que el niño ha sufrido, que grosso modo consiste en creer que si se transgrede la voluntad de esta autoridad ya no nos amarán. Es clásico: los padres se enfadan con el niño y por supuesto que es necesario enfadarse para que comprenda que ha cometido un error, pero si los padres no tienen al mismo tiempo mucha benevolencia y compasión, si no lo manifiestan, entonces el niño cree que ha perdido el amor de su padres, y no hay nada peor para un niño, entonces se odia a muerte, se culpabiliza totalmente por esta causa. Y a menudo la culpabilidad religiosa es del mismo orden, se ha transgredido los mandamientos divinos y seguramente “Dios ya no nos ama, seremos condenados al infierno etc.”

Por tanto, lo que hay que hacer es observar el mecanismo: ¿Qué ocurre con la culpabilidad? Y aprender la benevolencia. Benevolente frente a uno mismo y transformar esta culpabilidad en verdadero arrepentimiento, ya que hay un error, ha habido sufrimiento provocado ¿Cómo hay que actuar para no volver a hacer igual otra vez? ¿De acuerdo?

 

Dado que el amor incondicional se da sin expectativas de recompensa, de retorno, ¿se puede transponer esta noción a la relación amorosa y con sexo? Sabemos que el amor que se ofrece, se da pero nunca se puede saber el amor que se recibe. Si está equilibrado.

R: Escucha, eso es demasiado complicado. ¿Pero por qué es complicado? Porque quieres hacer una especie de aritmética del amor, equilibrar. En francés, en Francia, se dice “cuando se ama, no se cuenta” entonces ¡hay que dejar de calcular así!

¿por tanto uno puede contar con el punto de vista propio?

R: Sí, sí...

¿Sin esperar recibir lo mismo?

R: Escucha, la cosa más importante en mi opinión, a mi parecer, es no reducir al otro a un objeto- principalmente objeto sexual- a no ser más que un objeto. Esto quiere decir no tratar al otro como una cosa, como un objeto que se utiliza para el propio placer, sin dar al mismo tiempo amor.

Es importante unir-es propio del ser humano que no es un animal- unir el amor sexual con el sentimiento. Debe ir junto normalmente el hecho de hacer el amor con alguien y amar a esa persona, como persona y no sólo como objeto sexual.

Sí, pero es lo que se recibe lo que pregunto. Yo sé lo que doy pero no sé lo que recibo.

R: Pero tú deberías ser capaz de sentir. ¿No sabes si alguien te quiere? ¿No lo sientes? No se trata de que él te diga: “Te quiero, te quiero, te quiero...”

No, quiero saber si desde mi punto de vista si yo amo entonces estoy tranquila...

R: ¡Ah! Sí, sí pero es cierto, en ese caso es más sencillo, es decir es verdaderamente amor desinteresado. Sí, sí de acuerdo...

 

¿Por qué hay muchas iluminaciones, muchos despertares muy pequeños?

R: Porque hay muchas ilusiones. Entonces cada vez que tomamos conciencia de una ilusión, que aclaramos una ilusión, es un pequeño despertar.

¿Entonces, por qué ha habido poca gente que ha  tenido una gran iluminación?

R: Porque hay poca gente que haya tenido una gran duda.

¿Entonces es una cuestión de fe o de karma?

R: No, es una cuestión de práctica y de bodaishin, de espíritu de despertar. Si la gente practica la vía del zen como un pasatiempo, un hobby, de vez en cuando, los fines de semana o en vacaciones, cuando tienen tiempo, entonces no pueden desarrollar una gran duda.

Pero si dedicas enteramente tu vida a la práctica de la Vía, y no hay nada más importante para ti y a pesar de todo continúas sufriendo y teniendo dudas, entonces esto va a terminar por crear una gran duda a propósito de la Vía. Y cuando de repente esa duda desaparece, entonces provoca un gran despertar, como un alivio: “¡Ah, ah, uf,  por fin!” como de un solo golpe, una gran nube es barrida.

¿Si hay más gente es más fácil que esto ocurra?

R: No, no tiene nada que ver con la cantidad de gente, tiene que ver con la intensidad de tu búsqueda de la Vía, de tu espíritu.

Pero esto es sólo un aspecto del despertar, que sobre todo se desarrolla en la enseñanza el zen Rinzai: la búsqueda del kensho, de la gran iluminación y es la razón por la que los maestros a través de la práctica de koan, llevan a sus discípulos hasta un callejón sin salida para dudar cada vez más de sus  propias capacidades mentales para resolver el problema. Y entonces, la única manera de salir de ello es realmente una revolución del espíritu: abandonar lo mental.

¿Es algo parecido a la apertura de una botella de champán?

R: Quizá ¡Yo no soy la botella de champán! Pero en el Zen Soto no nos interesamos demasiado por este aspecto, lo más importante es tener una práctica cotidiana aquí y ahora, una práctica que sea ella misma despierta, una práctica del despertar.

Es lo que intento enseñar, principalmente durante esta sesión, he hablado de ello varias veces, tener una práctica donde verdaderamente el cuerpo y el espíritu se armonicen con el Dharma, con el orden cósmico, en cada instante de la práctica. Es practicar lo que es justo, abandonando todo espíritu de obtención incluso del kensho, incluso del satori acontecimiento. Porque este tipo de kensho suscita la mayoría de las veces una especie de avidez espiritual.

Más vale practicar mushotoku, es menos espectacular, pero es mucho más eficaz. Porque por ejemplo, incluso gente que realiza un kensho, una especie de iluminación, después de eso viene un apego: ¡Ah, cuando realicé la iluminación en 1983! He oído a gente así incluso maestros, que hablan así. Se convierte en una especie de condecoración del ego: “Yo tengo algo que no tienen los demás”. Esto no quiere decir que no hay auténtico kensho, pero se puede convertir en una fuente de gran ilusión.

Así es, por tanto os recomiendo tener una práctica realmente cotidiana, realmente con conciencia hisiryo en zazen, mushotoku y concentraros realmente en cada cosa que tenéis que hacer, olvidando todo, kensho, etc. Y realmente de manera que viváis en armonía con el Dharma.

El Maestro Deshimaru decía siempre: “El verdadero zen es volver a la condición normal”.

Esta mañana he hablado de Ejo sin koredo: el espíritu cotidiano, ordinario de la Vía.

 

Quisiera saber hasta qué punto se debe sacrificar la propia vida para no hacer daño a los demás.

R: ¡Ah! No es necesario sacrificar la propia vida. No hay que sacrificar la propia vida.

¿Y si los demás sufren porque tú eres tú mismo?

R: Hay que tratar de resolver este sufrimiento pero no sacrificar la propia vida. Si no, quiere decir que te sacrificas por el ego de otro, es decir por una gran ilusión finalmente. Hay que ayudar al otro a liberarse de esta ilusión. Y por otra parte, justamente apoyándote en su sufrimiento, si la persona sufre es porque tiene demasiados apegos ilusorios. Es a causa de su ilusión, esto puede ser precisamente el punto de partida de una búsqueda de la Vía. De todas formas, hablábamos de amor hace un momento, el verdadero amor no consiste en satisfacer los deseos egoístas del otro, en mi opinión en cualquier caso... sino más bien en  ayudar a la persona a realizar la verdadera felicidad liberándose de sus ilusiones. Por supuesto, esto no quiere decir educar constantemente a tu pareja, también es importante compartir placer, momentos felices y no de estar todo el tiempo en una confrontación, eso es.

En todos los  casos, si el otro sufre a causa de un apego y quiere hacerte dependiente de eso y tú te tienes que sacrificar, eso no es justo. Entonces hay, por ejemplo, el caso frecuente aquí de la gente que quiere hacer una sesshin, un campo de verano, y su pareja que no practica hace un poco de chantaje emocional, eso ocurre a menudo.

Entonces, en esos casos, no hay que ceder a ese chantaje, si alguien os quiere, a esa persona le debe gustar que hagáis algo bueno para vosotros, por ejemplo. Y si la persona no comprende esto es que no os quiere realmente. ¡Es quizá un buen criterio para comprobar el verdadero amor! En lugar de ceder al chantaje: “Si me quieres, pasa las vacaciones conmigo, no vayas a la Gendronnière” Hay que decir lo contrario, “Si me quieres realmente, ¡déjame ir a la Gendronnière! ¡Pero sacrificios no! El Budismo no es la religión el sacrificio, es la religión para resolver las causas del sufrimiento. Son siempre los apegos egoístas, siempre.

 

¿Cómo permite la práctica del zen deshacerse de los apegos?

R: Primero observando la amplitud del sufrimiento que provocan, por tanto ser más sensible a esto y sobre todo fundamentalmente preguntándose “¿Quién se apega?” “¿Qué es este ego que se apega?” Y después si ya haces esta pregunta, puedes despertar totalmente a partir de esta pregunta: “¿Quién es que sufre?” “¿Qué es que se apega?” y “¿Qué es aquello a lo que se apega?” Cuando comprendas que los dos son vacuidades, habrás resuelto de raíz toda causa de apego.

¿Los dos?

R: Los dos: tú y tu objeto de apego.

 

Quisiera saber si el Maestreo Deshimaru alcanzó el “nirvana” y como creo en Dios, no soy budista, para mí “nirvana” significa: haber alcanzado la unión con Dios. Para el Budismo por el contrario ¿qué significa? Pues pienso, creo que Buda no creía en Dios. Quisiera saber si es exacto.

R: Buda no se planteaba la cuestión de la existencia o de la inexistencia de
Dios. Pero seguramente que creía en Dios en cierta manera porque es Dios quien le recomendó enseñar a los hombres la Vía que había descubierto. Salvo que Dios fuera uno de los dioses del panteón indio y no el Dios cristiano. En todo los casos, realizó el despertar por tanto se volvió buda, el Despierto, se preguntó si iba a enseñar, si iba a intentar transmitir lo que había realizado. Y tenía muchas dudas a este respecto, pensaba que los seres humanos no podrían comprender su despertar. Fue un dios indio, Indra, quien le convenció, quien le dijo: “sí, sí, hay en este mundo seres que están maduros para comprenderlo, para realizarlo, debes enseñar” Por tanto, el Budismo y el Buda mismo no es ateo, no existe el ateísmo. Buda enseñó la Vía del medio y ser ateo no es la vía del medio, es afirmar con certeza que Dios no existe. Eso es, La Vía del medio no es afirmación ni negación con lo referente a las verdades metafísicas. Sino por el contrario en lo que respecta al Maestro Deshimaru y la gente  que practica zen, para él, Dios y Buda es lo mismo, en cualquier caso lo expresaba así, y lo que quería decir, es que finalmente Buda es la dimensión despierta del ser humano, despierta a lo que está completamente más allá del ego. Es estar despierto a la dimensión de nuestra existencia que está más allá de nuestro pequeño ego. Y por tanto par él, Dios era eso, Dios es esa verdad cósmica fundamental que está más allá de las concepciones del ego humano.

Si tú me preguntas si ha realizado el nirvana, es decir, la unión con Dios realmente cada vez que practicaba zazen: sí.

Nirvana, en el Zen, en el Budismo, no es un lugar como el paraíso, donde  se va después de la muerte, es una manera de estar aquí y ahora, cuando abandonamos nuestros apegos del ego, y entonces, esto provoca evidentemente una liberación de las causas del sufrimiento, porque eso es el lado negativo del nirvana, es la extinción de los Tres Venenos. Pero a la vez la otra vertiente. Realizar la unidad con todo el universo, con todos los seres.

Y esto es realmente la experiencia religiosa fundamental a la que mucha  gente  llama precisamente “Dios”-

 

¿El Maestro Deshimaru alcanzó el nirvana?

R: Ya te he respondido que ciertamente durante la práctica de zazen. Y como es un gran bodhisattva ha renacido verdaderamente en una nueva existencia en la que continúa su actividad de bodhisattva. Y la actividad de un bodhisattva es el nirvana viviente, no es el nirvana opuesto al samsara, al mundo del sufrimiento, es vivir en este mundo con otro estado de espíritu, sin egoísmo y con mucha compasión por todos los seres que sufren, eso es el nirvana.

 

Entonces mi pregunta prolonga la anterior. Yo no soy Budista y soy de tradición cristiana por nacimiento, quisiera tratar de comprender cómo es que los místicos cristianos describen la experiencia mística con palabras, de una manera muy diferente de la de los Budistas cuando describen el Despertar.

Y la segunda parte de mi pregunta es cómo llegan los humanos a conclusiones tan diferentes en las diferentes religiones sobre los fines últimos. Los fines últimos, es decir, que los cristianos hablan de resurrección después de la muerte, lo que es un término…

 

R: Querría responder con una sola palabra, pero es verdaderamente difícil, demasiado complicada tu pregunta.

Creo que lo más importante para ti es saber qué experiencia quieres tú realizar. A qué quieres dedicar tu vida. Y concéntrate en una dirección. Deja de leer la descripción del despertar o de la experiencia mística de los demás, pregúntate qué quieres vivir y cómo. Concéntrate en ese punto hasta el final de tu propia búsqueda, es lo más importante.

Gracias.

 

Durante La preparación nos has hablado de la armonización, armonizarse en el dojo con los demás etc. Y he tenido muchas dificultades con eso durante años. Me he encontrado en una situación de pseudoarmonización. Durante años, me he encontrado en situaciones semejantes y pienso que es debido a una educación, una socialización… a valores judeo-cristianos etc., sobre todo para las mujeres. Y me pregunto si la armonización para las mujeres no debe pasar forzosamente por encontrar primero la propia agresividad, la desobediencia, la desarmonización con respecto a…

R: Por supuesto que entiendo lo que quieres decir, yo hablaba de armonización con respecto a la shanga, personas que han salido de la enseñanza de un mismo maestro, el Maesro Deshimaru, que persiguen por tanto el mismo ideal, que tienen el mismo… que están básicamente de acuerdo. Y que, a veces, no están de acuerdo en cosas puramente formales, y no merece la pena dar demasiada importancia a esos desacuerdos. Es importante armonizarse verdaderamente a partir de una raíz común, de un acuerdo profundo, y a partir de ahí, ser capaz de dejar pasar las diferencias que hacen que se pudiera estar en conflicto porque no se está de acuerdo sobre… Y creo que esta forma de armonización no quiere decir adoptar completamente la manera del otro, sino no hacer de ella materia de conflicto, no hacer diferencias en materia de conflicto, buscar realmente la armonía en la esencia de todas las religiones. Pero si miramos con el ojo que sólo observa las diferencias,  es decir, el espíritu de discriminación, vamos a encontrar montones de diferencias por todas partes, y podemos hacer de estas diferencias causa de guerras, masacres, etc. ¡Esto lo hemos visto! Entonces, ahora para volver a ese nivel…

 

No pongo en cuestión…

R: Sí, no es tu pregunta, por otra parte. Tú hablas de tu posición de mujer. Yo quería hablar primero, ¿ por qué hablaba de armonización?, pienso que es importante armonizarse cuando venimos a encontrarnos en la Gendronnière, y practicar todos juntos, porque fundamentalmente, practicamos la misma Vía y no hay nada peor que unos seres espirituales o religiosos que se pelean por detalles, vamos a decir, por último: “Esta es mi idea”.

Ahora hablas de otra cosa, hablas de buscar una especie de armonía a cualquier precio, con alguien o con una situación con la que en el fondo no estaríamos de acuerdo. ¿No? Entonces, ¿Cuál es realmente tu pregunta?

La desarmonía en el sentido de que  me siento apartada de los otros, de mí misma…

R: ¿Pero dónde, en qué circunstancias?

En la vida cotidiana, en el samu, en todo, todo lo que hago…

R: ¿Aquí, por ejemplo?

Sí, sí por supuesto, sí, es una pseudo armonía que he vivido toda mi vida, que he aprendido a través de la educación, son valores de los últimos 2000-3000 años. En un momento dado, las mujeres fueron quemadas porque no estaban armonizadas. En fin, es exagerado, pero esto ha existido.

R: Sí, se las consideraba brujas.

Si entonces, por eso…

R: ¡Pero aquí no se ha quemado a nadie hasta ahora!

Sí pero está de todas formas en nuestro pasado, no podemos borrarlo así como así en veinte años.

R: Sí pero entonces es demasiado complicado. Concretamente, ¿en qué te crea un problema armonizarte aquí con los demás en el samu, en el dojo? ¿Qué ocurre? Cuando hacemos samu, cortamos verduras como hay que hacerlo. Entonces ¿si te piden cortarlas pequeñas, prefieres cortarlas grandes?, ¿Cuál es tu problema?

La forma como lo hacemos, cada uno a su manera.

R: No, pero hay un tenzo que dice: ”Bueno hay que cortar las verduras así”. Armonizarse es seguir lo que pide el tenzo. Cuando entramos en el dojo, el sussho explica: “aquí, en el dojo, entramos con el pie izquierdo y circulamos así” Y armonizarse es seguir esto. Y esto no tiene nada que ver con ser hombre o mujer. Tiene que ver con el hecho de abandonar las propias categorías  para seguir el orden que reina en ese grupo, en ese lugar  y en ese momento. Si no te gusta, puedes marcharte. Esto es válido para todo el mundo, aquí se viene libremente, esto quiere decir que vamos a intentar practicar juntos, tal como se ha enseñado. Si no se está de acuerdo,  no se está obligado a armonizarse, uno puede irse. Hay que estar suficientemente de acuerdo en lo esencial para quedarse a pesar de que haya detalles que no nos gusten.

No he cuestionado el estado general, la armonización como tal… Es el camino y me pregunto si no debería ser diferente para una mujer que para un hombre, porque hay muchas mujeres que han vivido en esta pseudoarmonía durante siglos.

R: Que era de hecho… No, pero la armonización no es la sumisión. Es algo positivo. Es estar verdaderamente de acuerdo para funcionar juntos y si no se está verdaderamente de acuerdo y no se puede aceptar funcionar juntos bajo el modelo que se propone, uno puede marcharse. Eso es todo. Pero es válido tanto para los hombres como para las mujeres. Creo que has introducido un aspecto, un problema sexista donde no lo hay, no es… Las reglas, en la Gendronnière, son exactamente las mismas para los hombres y para las mujeres.

 

Has hablado de samadhi. No comprendo bien esta palabra, ¿Quiere decir una forma de concentración, una forma de realización, una forma de despertar?

R: Es concentración, “samadhi” es una gran concentración que lleva a la mente a estar en un estado de apaciguamiento. Puse el ejemplo de la superficie  de un lago o del mar cuando el viento ha dejado de soplar, entonces las olas se calman, la superficie se vuelve lisa y como un espejo que refleja exactamente todo lo que está en el exterior, tal como es, sin deformarlo y, al mismo tiempo, que permite a la superficie del agua ser traslúcida y por lo tanto ver el fondo.  Es pues una condición necesaria para la práctica de zazen, para que zazen sea una práctica de despertar, pero no es suficiente. Una vez que la mente se vuelve clara y apacible, es importante comprenderse uno mismo. Incluso más, olvidarse de uno mismo, comprendiendo que uno mismo no es algo sustancial, que no hay materia a la que apegarse y esta comprensión es verdadero Despertar. Y el samadhi es necesario generalmente porque si no, no se ve con claridad; si se tiene una mente demasiado agitada, no se puede ver la realidad última, se está demasiado atrapado por los fenómenos. Por esto es por lo que es importante sentarse y dejar que la mente se calme para ver con claridad.

 

 

18 de agosto de 2009 20:30h

Otro poema del Maestro Dogen:

 

En cada momento, despierto o dormido,

En mi ermita cubierta de paja

Ofrezco esta oración:

“Esforcémonos por salvar a los demás

Antes que a nosotros mismos”

 

Maestro Dogen

 

19 de agosto de 2009 7h

Esta mañana va a haber diez nuevos bodhisattvas, por esto es un día dichoso. Pues llegar a ser un verdadero bodhisattva es el sentido profundo de nuestra práctica, su expresión en la vida cotidiana.

A menudo se dice que el bodhisattva es el que renuncia a su propio despertar para dejar pasar a todos los seres delante de él. Pues bien, evidentemente, tener este deseo de dejar pasar a los demás delante de uno mismo es la más alta manifestación del despertar.

Un bodhisattva no es como se dice tradicionalmente un “aspirante a buda”. El verdadero bodhisattva está más allá de Buda, es decir, es un verdadero buda. Un verdadero iluminado no se apega a su propio despertar. Pues su propio yo mismo no quiere decir nada.

Despertar verdaderamente es realizar la no separación entre uno mismo y los demás.

Zazen hace que se disuelva la mente que crea obstáculos y separaciones. Entonces, la compasión no es una especie de precepto, algo que hay que tener o que hay que realizar, es una actitud natural. Es la capacidad de no instalarse en el propio ego, en la propia posición, sino ponerse en el lugar del otro. Ponerse realmente en el lugar del otro es pues experimentar su sufrimiento. Pero al mismo tiempo no ser engullido por este sufrimiento, como la gente demasiado emocional y que cede a la piedad, que no ayuda a nadie.

La compasión del bodhisattva no es un estado emocional. Está iluminada por la sabiduría y la comprensión. Por tanto, encuentra todos los medios apropiados para venir en ayuda de los demás. A veces es reconfortar, a veces escuchar simplemente. A veces trasmitir energía, fuerza, a veces simplemente una sonrisa. A veces un golpe de kyosaku.

Es sobre todo encontrar el medio de permitir a los demás ayudarse a sí mismos. Es el sentido de la transmisión en el zen: transmitir la práctica que permite a cada uno despertarse por sí mismo. De manera que permitimos a cada uno ser a su vez capaz de ayudar a los demás.

Con respecto al mundo en que vivimos, el sentido de nuestra práctica es multiplicar esta cadena de transmisión, hasta que el mundo entero esté habitado por bodhisattvas.

Esto puede parecer utópico, pero necesitamos esta utopía para que la vida continúe. Para que la vida continúe, en el punto en que ahora nos encontramos, la situación mundial en que estamos, sería necesario que esta vida llegue a ser para todo el mundo una vida iluminada. Es decir, que encuentre su plena expansión. Sólo así es como la violencia podrá ser superada. La violencia entre los hombres y la violencia contra la naturaleza.

Como decía Shakyamuni:

“El odio y la violencia no pueden ser superados nunca con  odio y  violencia, sino con amor”

La vocación de los bodhisattvas es cumplir esto. No tener miedo de apostar por el amor. Es la apuesta de los que se dedican con fe a los tres tesoros: Buda, Dharma y Shanga.

  

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Campo Verano 2009 by Roland Yuno Rech is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.