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8.1 Las cuatro nobles verdades

A menudo decimos que el Dharma es zazen. Zazen es sólo sentarse, y en ese caso, parece bastante sencillo. Pero zazen no es una gimnasia, ni una técnica de relajación, es la manifestación del despertar,  y al mismo tiempo la vía para realizarlo.

 Este Despertar de Buda, lo expresó por primera vez el mismo Buda, bajo la forma de las Cuatro Nobles Verdades. La primera vez que lo explicó, fue en su primer sermón, en Sarnath, cerca de Benarés, unos dos meses después de su despertar. Al principio, había dudado en transmitirlo pensando que lo que había realizado al practicar zazen iba tan contracorriente de la mente ordinaria, que nadie le comprendería, luego tras algunas dudas, se decidió y eligió enseñar a sus compañeros de ascesis.
Antes de concentrarse y despertarse en zazen, Buda había practicado una serie de mortificaciones, después se dio cuenta de que no conducía a nada.

 En esa época, en India todo el mundo estaba convencido de que no había liberación ni despertar sin infringirse grandes mortificaciones. No era sólo él, era una opinión general entre los religiosos. Estaban la oración y las ceremonias por un lado y las mortificaciones por otro; eran las dos grandes vías. Él abandonó todo esto para hacer zazen. Cuando sus compañeros lo vieron llegar, no le respetaron pues consideraban que había abandonado la búsqueda de la Vía. Es la razón por la que desde el principio tuvo que explicarles cómo había hecho realidad el despertar. En principio afirmó que había realizado el despertar, luego, antes de hablar del contenido del despertar, del sentido del despertar, habló de la Vía del Medio, es decir, de la práctica.

Es lo primero que dijo a sus compañeros. Criticó a la vez la vía ordinaria de los que piensan que la felicidad consiste en perseguir los objetos de deseo, que es la vía de nuestra civilización materialista moderna, diciendo que eso no lleva a una felicidad estable; y seguidamente dijo que las mortificaciones tampoco. Rechazó las mortificaciones. Expuso la Vía del Medio que llamamos el Óctuple Sendero, es decir, la práctica de los preceptos, la ética, la meditación y la sabiduría, en tres capítulos. En el zen lo llamamos kai jo e.


Lo interesante de esta aproximación es que el Buda sintió la necesidad de mostrar el camino, la vía, la práctica ante todo. Cómo había llegado a su Despertar, no lo que había visto en su despertar sino cómo lo había alcanzado. Lo importante para nosotros cuando enseñamos el zen, es mostrar en primer lugar el camino, la práctica y después dejar que la gente descubra poco a poco el horizonte que surge a partir de esta práctica. En lo que nos concierne, hablaremos del Óctuple Sendero y a continuación vamos a retomar las Cuatro Nobles Verdades tal cual él las explico.

La primera, tradicionalmente, la verdad del sufrimiento, que se llama dukha, descrita por el Buda en el sutra de Benarés como nacimiento, enfermedad, vejez y muerte, que son dukha. Estar separado de lo que amamos es dukha, tener que soportar lo que no amamos dukha, y finalmente los cinco agregados son dukha, son sufrimiento. Seguidamente algunos comentarios sobre el sentido mismo de la palabra dukha, las personas a las que no les gusta el budismo y quisieran que el zen no formase parte del mismo, tienen una especie de reticencia con respecto a la idea de que la vida, incluso de que el nacimiento, sean sufrimiento. Les parece una filosofía pesimista, incluso una especie de negación de la vida. La vida es sufrimiento y por tanto hay que tratar de poner fin a la vida misma. En realidad dukha tiene un sentido mucho más amplio, más profundo; hay tres sentidos principales. Es importante comprender que no es solamente la acepción que todo el mundo reconoce, como la enfermedad, la vejez y la muerte, todo el mundo está de acuerdo con esto, sino que también el tener que soportar lo que no nos gusta, tener que perder lo que amamos, es doloroso.

Que los cinco agregados de apego sean dukha, indica otra dimensión. Puesto que toda la existencia es finalmente los cinco agregados. Todo lo que existe está situado en el campo de los cinco agregados. El primero es la materia, la forma, lo que incluye el cuerpo pero también todo el universo material, el mundo de las formas y la relación entre el cuerpo y el mundo que nos rodea, es decir, las sensaciones, percepciones, son más bien los objetos. El primer agregado, rûpa, es el cuerpo y la relación del cuerpo con todo el universo.

Los cuatro agregados siguientes son más específicamente lo que llamamos ego, la personalidad, la persona. Lo que siente las sensaciones, agradables o desagradables, las percepciones, quien tiene esas construcciones mentales, deseos, voluntades, etc. Y por fin la conciencia, que es conciencia de los otros agregados. Todo esto constituye la persona, y cuando Buda dice que los cinco agregados de apego son dukha, parece considerar que toda la vida es dukha. Todo lo que existe es dukha. Es la realidad para Buda. Pero esto no quiere decir que se trate de un dolor, de un sufrimiento constante. Esto quiere decir que dukha significa también impermanente, sin sustancia, condicionado, por tanto limitado. Todo eso que significa dukha. También quiere decir imperfecto, insatisfactorio, y comprender esto es realizar el espíritu de Buda, el espíritu del despertar.

Por ejemplo Dogen al principio del Gakudo-yo-jinshu dice:" El espíritu de Buda, el espíritu del despertar, aparece en la contemplación de la impermanencia."  Si no tenemos constantemente presente en el espíritu de esta impermanencia, no hay bodaishin, y sin bodaishin no puede haber verdadero despertar.

La causa de dukha, de hecho, no está fuera sino dentro, en dukha; es decir que no hay pecado original o yo no sé qué funesto destino exterior al hombre. El origen de  dukha reside, como se dice en el sutra de Benarés, en la sed. En la avidez, en el deseo del objeto de los sentidos, pero también en el deseo de existencia y en el deseo de inexistencia.

Podemos comprender esto último como deseo de destrucción, de no vivir más, como alguien que piensa que suicidándose va a desaparecer su sufrimiento. Pero en el deseo de inexistencia está el deseo de que las circunstancias penosas no existan. O que nosotros no existamos en circunstancias que nos son penosas. Todo lo que es del orden del rechazo, de querer apartar, apartar dukha por ejemplo, es un fenómeno que se retroalimenta; dukha existiendo en dukha mismo. Si buscamos comprender cuál es el origen de dukha, no podemos decir que el origen sea la sed, la misma sed está condicionada, ligada a causas, a la ignorancia y al contacto de los órganos de los sentidos con sus objetos. Entramos ahí, si queremos tratar de ver el origen del sufrimiento en la descripción que hace el Buda de las Doce Causas Interdependientes y vemos que el origen es inasible. Sin embargo el Buda anuncia la posible cesación.

En lo que concierne a la cesación, Buda proclamó que él la había experimentado y realizado. La describió como la cesación de la sed, abandonar esta sed y renunciar, liberarse de ella. Esta liberación se llama nirvana, la extinción. ¿Podemos hacer nosotros la experiencia? Yo creo que sí. En la práctica del zen, es la experiencia del estado de conciencia hishiryo. La conciencia hishiryo en zazen la describió el Maestro Sosan como: ni avidez, ni odio, ni elección ni rechazo, que es lo que el Buda había llamado la cesación, el nirvana.

Pero el nirvana no es solamente un estado psicológico de paz, significa también la realización de la última verdad que no puede ser asida a través de conceptos, por tanto no puede ser descrita. Encontramos aquí el gran tema de la enseñanza del zen, que lo único importante es el despertar, pero el despertar no puede ser descrito. Eso a lo que nos despertamos no puede ser explicado. En el zen, el origen de la transmisión del Dharma no está situado en el sermón de las Cuatro Nobles Verdades, sino en esa célebre escena en la que Buda después de predicar, se detiene, coge una flor y la hace girar entre sus dedos. Mahakashyapa sonríe y Buda dice su famosa frase: « Yo poseo el Ojo del Tesoro de la Verdadera Ley y el Espíritu sereno del nirvana, y ahora se lo transmito a Mahakashyapa".

Este espíritu sereno del nirvana, es la experiencia íntima que podemos hacer cuando practicamos verdaderamente la conciencia hishiryo de zazen. Es, a la vez lo más esencial y no se puede explicar. Pues, a pesar de que haya una práctica que nos lleve a ella, la realización no está causada, condicionada por ello. La práctica no es la causa de la realización. Es un aspecto muy delicado. Tenemos muchas dificultades para explicarlo. Todas las palabras, las nociones, los conceptos, funcionan en la dualidad. Querer explicar algo que no es algo, una experiencia que no se deja encerrar en conceptos utilizando palabras, es imposible. Estamos en esa situación paradójica en la que cuando creemos haber dicho lo que queríamos decir, estamos engañándonos a nosotros mismos y equivocando a los otros.  Pues creemos que eso que es inasible ha podido asirse.

En fin, el último aspecto del sutra de Benarés, es esa famosa descripción del Óctuple Sendero, que el Buda hizo al principio, como ya he dicho. Sin embargo, una última cosa: las Cuatro Nobles Verdades no se sitúan al mismo nivel. Todas deben ser comprendidas, pero por ejemplo la segunda, no basta con comprenderla, comprender cual es la causa del sufrimiento.

Es preciso poner toda nuestra energía para llegar al final de ese sufrimiento, extraer, aniquilar, las causas de sufrimiento. De igual modo, la extinción del sufrimiento, el nirvana, no es algo en que pensar, un estado con el que podamos soñar, o una realidad metafísica que busquemos definir aunque sea negativamente, es preciso hacerlo realidad.

En cuanto al Óctuple Sendero no es suficiente con explicarlo y comprenderlo, es preciso practicarlo. Practicarlo durante toda una vida y puede que aún más con una gran energía, no creyendo que la Vía del Medio consiste en practicar tranquilamente. La Vía del Medio, que excluye las mortificaciones, no excluye el esfuerzo,  al contrario, implica un esfuerzo constante para que esas Cuatro Nobles Verdades no permanezcan en lo abstracto sino que sean la realidad concreta de nuestra vida.


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